La juventud y el suicidio – Thomas Bernhard

La época de aprender y estudiar es, principalmente, una época de pensar en el suicidio, y quien lo niega, lo ha olvidado todo. Con cuánta frecuencia, y de hecho cientos de veces, anduve por la ciudad pensando sólo en el suicidio, sólo en la extinción de mi existencia y en dónde y cómo (solo o acompañado) cometeré ese suicidio (…). El pensamiento del suicidio como único pensamiento ininterrumpidamente eficaz no lo teníamos sólo cada uno aisladamente, todos teníamos ese pensamiento y a otros nos dejó sólo rotos ese pensamiento y, de hecho, rotos para toda la vida; sobre el pensamiento del suicidio y sobre el suicidio se debatía y se discutía siempre y todos sin excepción, callábamos ininterrumpidamene, y una y otra vez surgió ente nosotros un auténtico suicida, no cito sus nombres que en gran parte no sé ya, pero los vi a todos colgados o destrozados, como prueba de ese horror. (…) El otoño que se iba y la primavera que llegaba con fiebre y podredumbre reclamaban siempre sus víctimas, aquí más que en otras partes del mundo, y los más propensos al suicidio son los jóvenes, los jóvenes seres abondonados por sus progenitores y otros preceptores, que aprenden y estudian y, realmente, sólo meditan siempre en su propia extinción y su propia aniquilación, y para los que, sencillamente, todo es todavía verdad y realidad, y naufragan en esa verdad y realidad como en un solo horror.

El origen, una indicación, Thomas Bernhard. Trad. Miguel Sáenz.

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