Joel-Peter Witkin (1939)

Después de trabajar como fotógrafo durante la guerra de Vietnam y como free-lance durante los años posteriores, el norteamericano Joel Peter Witkin completó sus estudios de Bellas Artes y desde entonces ha venido creando una obra  fascinante y única, extremadamente personal, abigarrada y oscura, influida no sólo -como reconoce- por Giotto, sino también por Archimboldo, Goya, El Bosco, Dix, Grosz o el surrealismo (Max Ernst) y el accionismo vienés.

En la senda de fotógrafos como Arbus, Molinier o Mapplethorpe, Witkin compone en el estudio y luego manipula en el negativo fantásticos, a la par que tenebrosos e inquietantes, tableaux o retablos barrocos inspirados por la iconografía pictórica y religiosa tradicional, pero poblados por un catálogo de seres misteriosos y cuasimitológicos, cuerpos incompletos, enanos, mutilados, carne en descomposición e incluso cadáveres, que desafían los estrechos cánones sobre lo que debe o puede ser representado y trascienden los límites del arte y del supuesto buen gusto o la belleza al uso.

(…) Witkin aborda desde el principio de su carrera el tema del otro centrándose en los otros que llevamos dentro: los que no somos pero que podíamos haber sido (enanos, gente deforme) y los otros que podemos ser en potencia, a través de metamorfosis de nuestro cuerpo deseadas o no (transexuales, tullidos), o que vamos a ser tarde o temprano (cadáveres). Sin embargo Witkin busca la belleza en todo ello, lo grotesco se trata con compasión y respeto, y nos obliga a enfrentarnos a la dura realidad, lo efímero de nuestro ser y lo fortuito de nuestra existencia y nuestro bienestar. Con ese trabajo intenta entender, mostrar, hacer reflexionar a quienes se atrevan a mirar, a ver, a quienes no se den la vuelta tras la primera foto y ahonden en los detalles. Porque todo lo que Witkin fotografía existe, esta ahí, aunque no queramos darnos cuenta. Eva Contreras

What distinguishes Joel-Peter Witkin from his contemporaries is a restlessness and desire that leads him to places others fear –the dark side where every glimmer of light is authentic. His milieu is nothing short of the greatest mystery that’s occupied humanity since its very beginnings, the ultimate question of life and death –questions that by their very nature are ultimately unanswerable, except in those personal, brief, and experiential moments when art bridges the gap between the senses and the intellect. No one occupies this ground better than Witkin. Photography now.

There are three stages in my photography. The first is when I prepare myself to make a connection, with a person or with an event or with something I’ve seen or read. The second is when the connection takes place, when the time, the light, the arrangements allow the photograph to happen. I believe there can be only one such moment – so I rarely shoot more than one roll. The third is when I print, which to me is seeing what through the camera I only perceived. I don’t want to stop at that perception, I want to re-design and re-create what I perceived. It’s like expanding time. Taking the photograph is like an automatic connection between the subject and my consciousness. Between that and the printing a week may pass – or more than a week, if I’m travelling. In the darkroom I first make normal contacts and select a frame. Then I draw or scratch on that contact. Then I put the negative on the viewing box and work on the negative – the one I have decided to use. Joel-Peter Witkin entrevistado por Frank Horvat.

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