Archive for 28 enero 2010

El caballo de Troya (1984) – Monique Wittig

28 enero, 2010

La obra de Proust es uno de los mejores ejemplos que conozco de máquina de guerra con efecto retardado. (…) Proust ha logrado transformar el mundo “real” en un mundo únicamente homosexual. Empieza con los grupos de jóvenes que pueblan las embajadas, arrimándolos a su jefe de fila como las damas de honor alrededor de la reina Esther en Racine; luego vienen los duques, los príncipes, los hombres casados, los criados, los chóferes y los comerciantes. Todo el mundo acaba siendo homosexual.

Hay incluso algunas lesbianas, y hasta Colette reprochó a Proust haber magnificado Gomorra. Saint-Loup, el arquetipo del hombre mujeriego elegante, acaba siendo gay.  En el último libro, cuando Proust describe el diseño de toda la obra, muestra que para él el hecho de escribir supone también producir un sujeto particular, la constitución del sujeto. De este modo, los personajes y las descripciones de ciertos momentos sirven, como si fueran capas, para construir poco a poco un sujeto que es homosexual por primera vez en la historia de la literatura.

Monique Wittig, El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Egales, Madrid, 2006. Traducción de Javier Sáez y Paco Vidarte.

Bienvenidos al desierto de lo real (2002) – Slavoj Žižek

24 enero, 2010

La universalidad real no es el espacio neutral nunca alcanzado de traducción de una cultura particular a otra, sino, por el contrario, la violenta experiencia de cómo, más allá de la divisoria entre culturas, compartimos el mismo antagonismo. (…) La actitud hegemónica actual es la de la «resistencia»; toda la poética de los marginales sexuales, étnicos, las «multitudes» en cuanto a su estilo de vida (gays, enfermos mentales, presos…), que «resisten», desde la dispersión, frente al misterioso (capitalizado) Poder central. Todos «resisten»; desde los gays y las lesbianas hasta los emergencialistas de derechas, de modo que ¿por qué no llegar a la conclusión de que este discurso de la «resistencia» es hoy en día la norma, y, como tal, el principal obstáculo para el surgimiento de un discurso que pudiera de hecho poner en cuestión las relaciones dominantes?. Así pues, lo primero que hay que hacer es atacar el núcleo mismo de esta actitud hegemónica, la idea de que «el respeto hacia la Otredad» es el axioma ético más elemental.

Trad. Cristina Vega Solís. Akal, 2008.

Change of heart (2009) – El perro del mar

17 enero, 2010

Misterioso objeto por el culo está por la belleza.

Millett vs. Miller: la patología de la virilidad.

9 enero, 2010

Kate Millett se enfrenta en Sexual Politics (1970) a lo que ella llamó “la patología de la virilidad” o “la quimera de concebir el encuentro sexual como un acto de poder de un ser humano sobre otro”. Millett analiza, entre otras, la obra de Henry Miller como ejemplo de esa patología. Es  sorprendente que este escritor siga siendo considerado como carismático autor de culto, cuya mención evoca para muchos inmediatamente la libertad sexual. Quizás su vida de bohemio en París, su relación con Anaïs Nin, su influencia en la Generación Beat y la censura que sufrió su obra en el seno de la América puritana hayan contribuido a convertirlo en paradigma de escritor transgresor. Pero, ¿estaría Henry Miller en el mismo sitio si sus libros estuvieran plagados de anécdotas sobre humillaciones a individuos de raza negra o judía en lugar de su sistemática reducción del sujeto femenino a la categoría de coño sin identidad?

However attractive our current popular image of Henry Miller the liberated man may appear, it is very far from being the truth. Actually, Miller is a compedium of American sexual neuroses, and his value lies not in freeing us from such afflictions, but in having had the honesty to express and dramatize them. (…) What Miller did articulate was the disgust, the contempt, the hostility, the violence and the sense of filth with which our culture, or more specifically, its masculine sensibility, surrounds sexuality. But the major flaw in his oeuvre -too close an identification with the persona, “Henry Miller”- always operates insidiously against the likelihood of persuading us that Miller the man is any wiser than Miller the character.

Kate Millett: Sexual Politics, Virago Press. London, 2008, p. 295.

El caso es que cuando la ofensa tiene lugar en el terreno sexual, todo se diluye en esa maraña de la intimidad de las relaciones humanas, de tal manera que copular con una mujer puede ser relatado como un acto de barbarie,  como un despojamiento de la dignidad de un ser humano sin que ello cuente como algo moralmente intolerable. Esto no es una cosa del pasado que ya ha sido superada con la revolución sexual; pensemos si no en los millones de hombres -supuestamente concienciados en materia de igualdad y libertades- que se masturban diariamente consumiendo el porno más rancio pero mainstream de la web sin someter a ningún cuestionamiento el hecho de que les excite que la mujer casi siempre sea presentada como una zorra y el hombre como un semental con una gran polla dura con la que la humilla follándosela hasta el fondo a la muy guarra. Sin entrar en el interesante y antiguo debate sobre la legitimidad de ese tipo de porno en el seno de nuestra sociedad, no hace falta irse a tan bajos fondos para encontrar a la mujer quintaesenciada, reducida a la metonimia más machacada y productiva del ideario sexual masculino. Henry Miller utiliza la palabra cunt hasta la saciedad cuando nos ilumina con el relato de las “transgresoras” correrías de sus protagonistas.

He took pleasure in degrading her. I could scarcely blame him for it, she was such a prim, priggish bitch in her street clothes. You’d swear she didn’t own a cunt the way she carried herself in the street. Naturally, when he got her alone, he made her pay for her highfallutin’ ways.  He went at it cold-bloodedly. “Fish it out” he’d say, opening his fly a little. “Fish it out with your tongue!”… once she got the taste of it in her mouth you could do anything with her.

Henry Miller: Tropic of Capricorn, 1938. (En Sexual Politics, pp. 304-305)

Shut up, you bitch you!” I said. “It hurts does it? You wanted it, didn’t you?” I held her tightly, raised myself a little higher to get it into the hilt, and pushed until I thought her womb would give way. Then I came -right into that snail-like mouth which was wide open. She went into a convulsion, delirious with joy and pain. Then her legs slid off my shoulders and fell to the floor with a thud. She lay there like a dead one, completely fucked out.

Henry Miller: Sexus, 1945. (En Sexual Politics, p. 306) 

Crisco

5 enero, 2010

Creada por dos fabricantes de velas en la América de finales del siglo XIX, la manteca vegetal Crisco (el nombre es un acrónimo del inglés Crystalized Cottonseed Oil) está compuesta por aceite hidrogenada de semillas de algodón. El producto fue comercializado en 1911, época en la que se utlizaba mucho la manteca de cerdo para cocinar. Esta manteca vegetal triunfó en el mercado al presentarse como una alternativa más sana, digestiva y económica a la grasa animal. Además, entre los judíos americanos se convirtió en el perfecto sustituto kosher de la manteca de cerdo.

Pero esta alternatividad propia del producto desde sus orígenes iba a conocer glorias mayores, pues Crisco también fue descubierto como la perfecta alternativa al AstroGlide y a la vaselina para facilitar las prácticas del sexo anal, entre ellas, del fistfucking. Entre sus ventajas, muchos americanos señalan que no se seca ni alpemaza y que su efecto es muy prolongado. Su uso se ha relacionado tanto con el mundo gay que se han comercializado camisetas y gorras con la palabra como emblema queer y varios locales, como la discoteca newyorquina Crisco Disco, tomaron su nombre.

One of the main reasons, besides its edibility, that allowed Crisco to be used as a lubricant was its viscous, tactile quality, almost slimy, especially in its shortened form. In fact, various websites and books on gay sex suggest that it is one of the few lubricants that doesn’t wear off, its slippery but also sticky. Yet, what exactly is this quality? In Being and Nothingness, Sartre asks, “What mode of being is symbolized by the slimy,” and posits that “the slimy reveals itself as essentially ambiguous because its fluidity exists in slow motion; there is a sticky thickness in its liquidity.” Slime, in other words, is neither liquid nor solid, but something in between, something that defies or escapes both categories. In the midst of liquid or in the presence of a solid, we are always aware of our facticity, our own solidity, but this is not so in the case of the slimy. Slime is “an aberrant fluid,” the “revenge of the In-itself,” in that there is always the feeling that it might absorb us, that we will not be able to get rid of it or escape it—”only at the very moment when I believe that I possess it, behold by a curious reversal, it possesses me,” Sartre writes. Thus, for Sartre sliminess itself is a somewhat queer or deviant material for it makes one’s relationship to the world strange by denying the primacy of the self.

(Drew Sawyer, “Crisco or how to do queer theory with things”. Thing Theory, 2007)